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Cultura digital, transformaciones y retos de nuestras universidades | Conferencia de Andrés Pedreño Imprimir E-Mail

Texto de la conferencia de Andrés Pedreño que cerró el Encuentro Universidad Expandida el pasado 16 de septiembre.

La Rábida (Huelva), 16 Septiembre, 2009 

Muchas gracias por la invitación a la Universidad Internacional de Andalucía y a los directores del Encuentro.

Mi intervención tiene por objetivo realizar unas modestas reflexiones sobre el tema con le título:  "Cultura digital, transformaciones y retos de nuestra universidades".  Creo que el valor de mis opiniones es no tanto repasar el desarrollo de esta cultura digital -aquí hay expertos más autorizados que yo- sino buscar lo que llamaría "anclajes", puntos de apoyo, con los que inducir a las instituciones universitarias a la introducción y desarrollo de la mencionada cultura digital.



1. Las universidades en una nueva encrucijada cultural y económica

Empezaré diciendo que no concibo un modelo de universidad que no tenga un fuerte compromiso con la sociedad, con sus necesidades, problemas y retos de su tiempo.

Una gran parte de la legitimación de la universidad proviene de su labor a la hora de construir la arquitectura cultural y científica de cada tiempo y ser motor de progreso. Como la definió Ortega: "un principio promotor de nuestra propia historia..."

Hay tres vertientes de nuestro tiempo a las que las universidades no pueden volver la espalda:

  • Una cultura digital que inunda a la sociedad
  • La globalización
  • y la conformación de una sociedad del conocimiento

Son además fuerzas que empujan al progreso, aunque en un camino en el que aparecen lógicamente contradiciones, desventajas y riesgos. No se trata de un camino fácil, sino más bien complejo.

De ahí, precisamente  que el papel de las universidades en la consolidación de una nueva arquitectura social deba ser muy relevante, maximizando ventajas y minimizando riesgos.

Si por un momento, por ejemplo, pensamos en la globalización  a todos se nos vienen a la mente problemas de enorme entidad: expolio medioambiental y de la biodiversidad, cambio climático, pobreza, problemas de cohesión social, hegemonías militares en precarios escenarios geopolíticos, conflictos culturales, incluso pérdida de la diversidad cultural...

La sociedad, las sociedades, esperan respuestas de la Ciencia y de nuestras Universidades.  Soluciones y respuestas que permitan construir un mundo mejor y dar respuesta a los complejos problemas a los que nos enfrentamos. Los ciudadanos confían en la Ciencia para afrontar los problemas.

Incluso los ejercicios de  prospectiva1, son prometedores y con fundadas expectativas sobre la capacidad efectiva de respuesta de futuros desarrollos de la ciencia.   La biotecnología, la nanotecnología, la genética o el apoyo en todos estos casos de la infotecnología generan unas formidables expectativas para resolver grandes problemas y nos adentran propiamente en la sociedad del conocimiento.

Las Universidades pues, tienen delante retos apasionantes y de una entidad extraordinaria.

Tales retos nos introducen en la necesidad de que las universidades sean instituciones:

  • Diligentes con los cambios, su asimilación, defensa y enseñanza.
  • Extraordinariamente innovadoras y competitivas dentro del nuevo entorno global
  • Entusiastas, protagonistas y líderes en el progreso y la configuración de esta nueva cultura

Este sería un discurso impecable puertas a fuera de la Universidad. Pero puertas adentro debemos ser más realistas y autocríticos.

1.1. La realidad universitaria actual

Haciendo, insisto,  un ejercicio de autocrítica,  tendríamos que señalar que la realidad universitaria es otra bien diferente.  Las universidades españolas no están siendo suficientemente diligentes en las direcciones apuntadas.

  • Hay pereza y resistencias a la hora de introducir cambios,
  • Poca propensión a generar autoexigencias de competitividad
  • E insuficiente entusiasmo y capacidad de liderazgo en la floreciente nueva cultura digital y en la sociedad del conocimiento.
  • Y debemos reconocer que hay, en muchas de nuestras estructuras una clara propensión a la burocratización

Las universidades hemos desarrollado en los últimos treinta años una organización interna extraordinariamente rica (claustros, centros, departamentos, regulaciones minuciosas...).

En cambio fallamos bastante en nuestra interactuación social. No tenemos vías, incentivos y mecanismo para identificar demandas sociales. Los Consejos sociales son, en su inmensa mayoría órganos políticamente burocratizados sin las funciones adecuadas, capacidades, o  competencias hechas a medida de los requerimientos de dinamización social de la que hablamos.

De esta guisa, para muchos universitarios, las reformas que se plantean en el seno de nuestras estructuras tienden a una falta de sintonía social y  burocratización preocupante.

La reforma reciente de los planes de estudios inducida por el Plan Bolonia será vista históricamente como un ejercicio frustrante. Es un buen ejemplo de la mencionada pereza o resistencia a la hora de introducir cambios. Tal reforma hubiera sido una buena oportunidad para llevar  cabo transformaciones de entidad en muchas direcciones que nos llevaran a la universidad de nuestro tiempo. Al contrario, cabe calificarla de oportunidad perdida.

1.2 La sociedad en red y  la crisis del modelo universitario


Esta inercia universitaria nos sitúa, por ejemplo, en una situación de escasa receptividad de una sociedad en red. Algo que será más evidente cuantos más numerosa sea la masa de nativos digitales e inmigrantes integrados en el sistema.

El resultado es que las universidades permanecen bastante ajenas a herramientas que protagonizan nuevas formas de comunicación social y de trabajo, absolutamente revolucionarias.

En muy poco tiempo han aparecido potentes redes y comunidades, ajenas a las estructuras universitarias (que probablemente tendrían que haber nacido del seno de las universidades). Producto de estas redes han surgido con fuerza conceptos como trabajo colaborativo, inteligencia colectiva,...que van conformando una nueva cultura a la que las universidades no están siendo suficientemente permeables.

Y también en muy poco tiempo las nuevas tecnologías han puesto en crisis nuestras prácticas docentes e investigadoras tradicionales. En especial, un concepto restrictivo del conocimiento, de conocimiento cerrado, amparado por tendencias privatizadoras y regulatorias escasamente conciliables con la propia misión y objetivos de una institución pública universitaria.

Lo peor de todo, es que las las universidades, o la gran masa crítica de universitarios no están siendo suficientemente conscientes de la crisis de nuestras practicas docentes e investigadoras más señeras.

Es más, pese al interés y apostolado de unos pocos universitarios, muchos de estos desarrollos de una "sociedad en red" están ocurriendo no sólo al margen de las universidades, sino con la indiferencia de las universidades,  incluso con el rechazo de las universidades. Nuestros claustros, facultades, departamentos se enfrascan en mil regulaciones administrativas irrelevantes y viven ajenos a retos sociales inexcusables.

Queiro dejar claro que en mi oponión, la cultura digital es una herramienta imprescindible no sólo porque impregna la sociedad de nuestro tiempo,  es también el armamento por excelencia para relanzar la  "competitividad de las universidades". Competitividad de nuestros titulados, competitividad de nuestra investigación, competitividad de nuestra actividad formativa.

Llegados aqui, hablando de competitividad,  aquí necesitaré de un breve apunte económico.

1.3. Un apunte económico

La crisis económica haya desvelado la debilidad de nuestro modelo económico, tenemos serios problemas. Para empezar ostentamos la tasa más alta de desempleo de Europa y los expertos fían nuestra recuperación lenta e incluso incierta. Es un secreto a voces que nuestros políticos están faltos de ideas y torpes en la políticas económicas instrumentadas.

He utilizado anteriormente el término competitividad  muy conscientemente. Nuestra sociedad del bienestar está fundamentada sobre una base económica ligada al crecimiento económico y el empleo. La incidencia de la crisis económica en España es mucho mayor en términos de empleo y decrecimiento por las características de nuestro modelo económico.

Nuestro modelo económico está impregnado en exceso de "vieja economía". Fuerte dependencia y desarrollo del sector inmobiliario, sectores tradicionales poco ikeados, escaso peso de sectores basados en el conocimiento, escaso desarrollo en términos relativos de empresas ligadas a las nuevas tecnologías y de la sociedad de la información.

Siempre aludo al volumen y evolución de nuestras exportaciones de bienes con alto contenido tecnológico para ilustrar nuestras carencias. Desde hace años apenas fluctúan en torno al 5% del total de nuestras exportaciones totales. Algo que nos sitúa a la cola de los países europeos. En un grupo de países como Rumanía, Bulgaria y Polonia.

La economía española necesita inyecciones urgentes de "nueva economía". Introducir un uso eficiente de las nuevas tecnologías y el conocimiento. Necesita convertirse progresivamente en un ecosistema de innovación si el objetivo es lograr su pertenencia entre las economías más avanzadas.

Un ecosistema de innovación (ver el Silicon Valley y la innovación: lecciones para aspirantes) viene caracterizado, entre otros factores,  por universidades internacionalmente competitivas y por redes sociales-profesionales donde el talento es un activo importante.

En suma, debería ser prioritaria la reconversión de nuestras universidades  en universidades  competitivas, protagonistas y jugadores eficientes en la sociedad del conocimiento. La sociedad del conocimiento es una vía irrenunciable de salvación de las economías avanzadas, entre las que nuestro país aspira a integrarse más allá de un boom efímero inmobiliario, por más que haya perdurado 14 años.



2. El cambio su necesidad y rapidez: a la búsqueda de un compromiso universitario

La crisis de nuestro modelo económico viene a resaltar importancia de introducir cambios rápidos.  Las universidades deberían fijar hojas de ruta para el desarrollo de la cultura digital y más concretamente para asimilar las herramientas 2.0, llamadas a revolucionar la eficiencia con la que enseñamos, el progreso de la ciencia y el conocimiento.

Para generar un compromiso universitario se podrían evocar muchas cosas:

1. Las exigencias de supervivencia de nuestras empresas pérdidas o confundidas entre dos términos que han hecho fortuna entre los empresarios: hiper-competencia e hiper-información. Para ello necesitan las universidades.

2. La existencia de sistemas universitarios eficientes y de universidades con buenas practicas...En el entorno global sabemos de sistemas universitarios eficientes, comprometidos con estos retos. Desde el Reino Unido, Finlandia, Turquía, Estados Unidos o diversos países asiáticos... es fácil encontrar buenos ejemplos de practicas en la correcta dirección y con resultados muy tangibles.

Bangalore en la India es un eficiente ecosistema de innovación. India es el principal exportador de software del mundo. En Turquía la Bilken University (no es la única) mantiene una dinámica de formación más próxima Harvard que ninguna universidad española  (e incluso me atrevería a afirmar que de muchas universidades europeas). En Finlandia tres universidades se fusionan para favorecer la innovación y la generación de nuevas competencias demandadas por las empresas. China es líder en la aplicación  de la nanotecnología al sector textil. Y en muchos países asiáticos desde Corea, como ejemplo emblemático, conocimiento y cultura digital son motores de un gran crecimiento económico.

Las universidades españolas deben despertar de un cómodo letargo. La endogamia debe ser combatida con retos sociales relevantes.  Hay urgencia en vincular necesidades sociales, empresariales y prioridades universitarias. Debemos emular buenas prácticas sin fijarnos de donde proceden. Hoy están en Corea, India, China, Finlandia, Brasil, México...

3. Por último la necesidad de revalorizar y revalidar nuestra autonomía universitaria.  Esto exige sentido de la responsabilidad y actuar en un escenario donde nos anticipemos a la imposición de políticas externas gubernamentales, y nos animemos a proyectar la mayor credibilidad entre nuestros alumnos, familias, empresas, de la sociedad en general

3. La cultura digital y los retos de las universidades

Necesitamos identificar con claridad aquellos factores que interfieren en la escasa asimilación de una cultura digital por parte de las universidades:

Las universidades, como decíamos, no están digiriendo con rapidez y diligencia la cultura digital de nuestro tiempo. Hace poco hablando de la Universidad 2.0  mencionaba que hay dos diferencias importantes entre la web 1.0 y la web 2.0:

La web 1.0 fue cómplice de nuestras limitaciones tradicionales (conocimiento cerrado, alumnos pasivos, nula o baja interactividad, privatización e intentos de comercialización del conocimiento por parte de las propias universidades). En cambio,  las herramientas 2.0 y la web social sí ponen en crisis nuestro modelo de universidad.

En la medida en la que la sociedad 2.0 contraviene nuestro modelo de universidad y entra en conflicto con ella tenemos un problema que resolver, una estrategia activa que diseñar.

3.1 ¿Qué es lo que pone en crisis la denominada universidad 2.0?:

A mi modo de ver tres cosas básicas y dos complementarias.

  • Cualquier sistema cerrado de conocimiento. Desde unos apuntes en papel dictados en la tarima hasta un campus virtual cerrado. Algunas de las principales instituciones universitarias del mundo lo han visto claro. Iniciativas como OCW del MIT, seguidas parcialmente por un gran número de universidades de todo el mundo constituyen un buen ejemplo. (Quiero mencionar aquí iniciativas como "CONOCIMIENTO ABIERTO" en la UDC" por el profesor Freire, un ejemplo encomiable de las reacciones que se pueden suscitar entre el profesorado).

¿Qué representa para una universidad una iniciativa como OCW. En su día la califique como una "auditoría docente de calidad". La mejor garantía de calidad de nuestra docencia universitaria es que las paredes de nuestras aulas se hagan de cristal, sean transparentes, accesibles a los ojos de cualquier. Por extensión nuestros alumnos puede mirar a cualquier aula del mundo, empezando ni más ni menos que por las del MIT.

Es evidente que las resistencias vienen aquí por parte de aquellos que se opondrían a cualquier auditoría de calidad. Diría, que un cambio de esta entidad es lógico que ofrezca sus resistencias. Incluso por parte del profesorado más competitivo y preparado, pero con niveles de autoexigencia altos.

Este tipo de actitudes podrían resolverse si paralelamente nos esforzamos en cambiar la función del profesor. Es incoherente que año tras añoa cada profesor se esfuerce en confeccionar o publicar unos apuntes originales sobre un curso de álgebra lineal básico. Si se disponen de materiales online, vídeos, apuntes, libros ejercicios de los mejores profesores del mundo en álgebra lineal.

Esto nos introduce el siguiente tema en crisis.

  • La función de profesor y del alumno. Dar clases magistrales a puerta cerrada puede ser cómodo y hasta fácil, pero no tanto si tus clases las comparan con un vídeo que está en OCW de un prestigioso profesor del MIT.


Y es que quizás tengamos que apresurarnos a introducir cambios rápidos en las funciones profesor- alumnos. El profesor debe ceder protagonismo en favor de un aprendizaje activo del alumnos. Hay que reinventar las relaciones profesor- alumno, pero sobretodo debemos reinventar las nuevas funciones del profesor en la nueva sociedad digital.

Parece claro que los nativos digitales no van a aceptar fácilmente un aprendizaje pasivo. Si lo hicieran,  estaríamos desperdiciando sus capacidades para aprender y asimilar en función de una cultura digital que tienen asumida  y que inundará su forma futura de trabajar y de vivir.

Sobre esto se está trabajando mucho con propuestas y desarrollos realmente innovadores y atractivos. Pero no olvidemos que habrá una resistencia cultural. Las universidades todavía viven ancladas en la revolución pedagógica de Rosseau y el idealismo alemán que radicalizaban sus tres principios el saber, el maestro y el que aprende.

Al respeto, no es mala idea contraponer modelos extremos que surgen de la realidad actual. Como ejercicio innovador el concepto edupunk me parece interesante. Las universidades deben plantearse cómo digerir y afrontar fórmulas de "aprendizaje "inventivo" ligadas a  la creciente masa de recursos abiertos y la potencia de las herramientas 2.0.

  • Métodos de trabajo en la actividad investigadora. Aquí tenemos dos crisis acumuladas. Una derivada del amplio divorcio entre las necesidades y prioridades sociales de la investigación (irrelevancia, escasa productividad, etc) y la que introducen las nuevas herramientas 2.0. Respecto a estas tenemos muchas cuestiones de la máxima relevancia:
  • La explotación y construcción de redes virtuales de expertos a través de las nuevas herramientas: Twitter, facebook... Recuerdo su caracter de absolutamente imprescindible en los ecosistemas de innovación.
  • Los tiempos y mecanismos de difusión de los resultados de la actividad investigadora (revistas en papel, editoriales, privatización, distribución.. etc).
  • En general, la forma de comunicar y difundir la investigación tiene que cambiar radicalmente (por qué es un mundo ajeno a los blogs, las wikis, las redes sociales...)
  • La evaluación, reputación y jerarquización "científica y social de los resultados".
  • La obsolescencia del concepto de propiedad intelectual.
  • La cultura del conocimiento abierto, el trabajo colaborativo frente al individual. La asimilación del modelo "open source" y su extensión en otras ramas científicas.
  • La construcción y explotación de los espacios y herramientas virtuales especializadas que son de uso potencial. Son muchas y escasamente experimentadas. Resistencia cultural.

A las citadas tres vertientes de impacto añadiría dos más:

  • Una universidad carente de identidad y reputación digital. Si analizamos algo tan sencillo como nuestra páginas institucionales, las web de nuestras universidades en su gran mayoría las vemos ancladas en la web 1.0. y ajenas a los conceptos mencionados. Son únicamente sistemas de información que han pasado del papel a lo digital. Quizás habría que poner en crisis cosas sencillas. Fomentar la reingeniería de procesos en los servicios y el fedback de los usuarios (alumnos y profesores), Pero el concepto de identidad y reputación tiene sus aspectos y aquí solo me atrevo sacarlo a colación intuyendo su potencial relevancia.
  • Crisis en las formas de comunicación. En este apartado hay una cuestión importante y urgente. Una nueva forma de comunicación institucional. Las universidades deben liderar la comunicación institucional a través de las nuevas herramientas, con el simbolismo e imagen que ello representa (incluso ante los medios de comunicación tradicionales).

3.2.  Los retos de nuestras universidades

3.2.1 Vencer resistencias


Hay que dejar claro en el ámbito de las universidades que no se están reclamando cambios y transformaciones ligados a una moda o herramienta, sino en función de una sociedad que asume la cultura digital como propia en su actividad profesional y vida diaria.

Las universidades deben asismilar su responsabilidad institucional, evitar brechas perturbadoras y vencer resistencias. Estamos hablando del reto social de hacer competitivas las universidades y aquí debemos implicarnos todos. Todos los esfuerzos suman (nativos, inmigrantes y "analfabetos" digitales; profesores y alumnos).

Estamos hablando de sumar esfuerzos en favor de una nueva cultura de comunicación, de producción científica y de cambios muy relevantes en los métodos de aprendizaje. En este contexto hay que evitar  las actitudes de colectivos que a través de la simplificación, la descalificación, o minusvaloración (wikipedia, facebook, twitter, los blogs, etc.) construyen una gran resistencia al cambio.

La cultura digital es encuadrable en nuestras señas de identidad más referenciadas. El principio de "la economía de la enseñanza" de Ortega es perfectamente conciliable con los enfoques docentes ligados a las herramientas 2.0, sin embargo sería bastante incompatible con los respuestas dadas desde dentro de las universidades a la reforma de planes de estudio derivadas de Bolonia.

También es oportuno recordar que el propio Ortega en su "Misión de la Universidad" a aludía a que "La cultura es el sistema de ideas vivas que cada tiempo posee, o el sistema de ideas desde las cuales el tiempo vive".

La universidad debe comprender que la cultura de nuestro tiempo es la digital. También su papel de absoluto protagonismo en la sociedad del conocimiento.  Y debe liderar el cambio y el progreso, como decía al principio de mi intervención.

De alguna forma, estamos en línea de una evolución de progreso que arranca en la sociedades primitivas. En nuestras sociedad primitivas la enseñanza aparecía determinada por el denominado "principio inverso": la función de enseñar consistía en ocultar. Conocimientos o creencias que se conservaban como un secreto y se transmitían herméticamente a unos pocos. Desde siglos hemos ido progresando y abriendo el conocimiento y el aprendizaje del mismo. Hoy quizás estamos dando un nuevo paso definitivo en nuestra evolución: compartir plenamente el conocimiento sin restricciones.

Siguiendo nuevamente Ortega, hay que recordar textualmente el siguiente párrafo  "en la organización de la enseñanza superior, en la construcción de la universidad, hay que partir del estudiante, no del saber, ni del profesor.  La Universidad tiene que ser la proyección institucional del estudiante". Este pensamiento está más cerca de la filosofía 2.0 que de prácticas de docentes predominantes en nuestras universidades ancladas, como he mencionado en Rosseau.

Tenemos que partir de la realidad de que en nuestras universidades predomina un modelo conservador. Rafael Argullol en el diario El País (Disparad contra la Ilustración) aludía a:

"las viejas castas universitarias, rancios restos feudales del pasado, han sido sustituidos por nuevas castas burocráticas, que predican una hipotética eficacia que muchas veces roza peligrosamente el desprecio por la vertiente científica y cultural de la Universidad. En los mejores casos, por consiguiente, los centros universitarios se aproximan al funcionamiento empresarial eficaz, y en los peores, a una suerte de academia de tramposos".

El párrafo es duro. Pero en todo caso, estado de acuerdo o en desacuerdo su sentimiento hacia Universidad nos indica la profundidad del problema. Habrá que avanzar pues, teniendo en cuenta que las resistencias serán relevantes.

3.2.2 Pasos previos para asumir la cultura digital de nuestro tiempo

Me atrevería a sugerir cuatro pasos previos que ablandaran estas resistencias:

1. Revalidar un compromiso social e incorporarlo institucionalmente. Si la Universidad no tiene canales de comunicación ágiles con la sociedad, capacidad para identificar sus necesidades, difícilmente dará respuestas válidas. La universidad no puede estar encerrada en una urna de cristal, no puede crear en su seno compartimentos cerrados y estancos.

2. Asumir el objetivo de ser competitivas en la globalidad. Si se asume socialmente que nuestras universidades "locales" deben ser competitivas internacionalmente en un marco global estaremos sentando las bases para la introducción de  cambios importantes.

3. Conciliar la autonomía universitaria con la reivindicación  de incentivos por parte de las administraciones públicas

4. Tomar conciencia de que hay que implantar un nuevo modelo de universidad,  integrado en un nueva cultura social y en un nuevo marco global de reglas del juego (la globalización). Tomar conciencia de la necesidad de introducir cambios relevantes.

A partir de aquí me quedaría para finalizar mencionar los que podrína ser los pasos para introducir la Universidad 2.0, esbozados en una reciente conferencia este verano en la UIMP. 

3.2.3 Diez pasos para introducir la web 2.0 en las universidades

Cinco pasos básicos

  • Mentalizar a nuestros profesores de que el conocimiento es abierto. El nuevo principio de la economía del conocimiento es irrenunciable: "el conocimiento que se comparte crece y mejora".

Al respectola importancia de dos iniciativas: una del MIT impulsada a principios de esta década y denominada OpenCourseWare (OCW) y la otra una plataforma de transferencia de tecnología que surgió de Innocentive y que actualmente se plasma en un proyecto iberoamericano "Innoversia"2.

El valor de ambas propuestas, todavía con elementos definitorios de la web 1.0, es que rompen barreras dentro de las universidades. Barreras entre profesor y alumno; entre investigadores y empresas.

  • Orientar nuestros campus virtuales a tareas administrativas y a la reingeniería de procesos jurídico-administrativos. Tal y como los concebimos estamos poniendo puertas al campo. Mientras que la sociedad proclama la libre difusión del conocimiento nosotros, en el ámbito universitario, lo encerramos en compartimentos estancos. Créanme que los alumnos y la sociedad comprenderán esto cada vez mucho menos.
  • Fomentar y dar incentivos a la introducción de herramientas web 2.0 de fácil comprensión: blogs wikis, etc... Aunque en mi opinión los blogs o las wikis son herramientas de transición entre las web 1.0 y la 2.0, estas herramientas pueden contribuir a facilitar un "entrenamiento" hacia metas más ambiciosas.
  • Fomentar y dar incentivos a la creación de redes abiertas. Especialmente de redes virtuales de profesorado a través de las herramientas web 2.0
  • Pasar de un modelo basado en la evaluación del rendimiento individual a unmodelo mixto que dé cabidaal trabajo colaborativoya otras formas de aprendizaje y aptitudes definitorias de la web 2.0.

Cinco pasos más avanzados. Me limitaré a resumir algunas líneas:

  • Apuestas decididas por el aprendizaje activo. Cambiar radicalmente los métodos de enseñanza pasiva por métodos interactivos, atractivos, experimentales, de bajo coste, moldeables y flexibles, siempre en el marco del aprendizaje activo.
  • A reglón seguido y derivándose del paso anterior, dar el mayor protagonismo y capacidad de iniciativa al alumnoen los procesos de aprendizaje y en la toma de decisiones. Esto significaría la necesidad de abrir bastante las puertas desde un vídeo de Youtube a artículos, experimentos y debates online, etc.donde los alumnos construyen sus propios sistemas de aprendizaje.
  • Desarrollarredes especializadas de aprendizajeabiertas donde sea relevante la interacción del alumno con otros alumnos (de dentro y fuera de la universidad), fomentar el trabajo colaborativo.
  • Integrar de lleno el concepto de red social en el ámbito universitario. Aprender de las herramientas y recursos de las redes sociales... Profundizar en la cultura de compartir y hacer progresar el conocimiento.
  • Dejar que nos enseñen los "nativos digitales" cómo quieren aprender...Sería un indicador de que hemos logrado un plena integración del profesorado. Que estamos en la Universidad 2.0.

(10 pasos para introducir la web 2.0 en las universidades)

Muchas gracias.

Notas

1 OCDE: El conjunto de tentativas sistemáticas para observar a largo plazo el futuro de la ciencia, la tecnología, la economía y la sociedad con el propósito de identificar las tecnologías emergentes que probablemente produzcan los mayores beneficios económicos o sociales.

2 OCW es sencillamente la iniciativa de invitar al profesorado de una universidad (el hecho de que el proyecto lo iniciara el MIT tiene mucha relevancia simbólica) a poner sus materiales docentes en la web, en un sistema abierto, claro y accesible para el alumno de cualquier universidad (o para al público en general). Innoversia es una plataforma que persigue hacer interactuar a investigadores y empresas, a oferentes y demandantes de I+D+I (para un poco más detalle ver OpenCourseWare: Consorcio en beta e Innoversia: demandas y ofertas de investigación).

conferencia  nodo euniversidad